La tragedia llegó al vuelo más emblemático de la década de los 30 cuando sobrevolaba el espacio aéreo mexicano. La alegría en el aeródromo de Balbuena, en la ciudad de México, se transformó en angustia al no existir señales del aeroplano, ni de Barberán y Collar. Una búsqueda ‘relámpago’ dio origen a un carpetazo con la misma velocidad, fue una verdad pactada para no empañar la relación España-México; la conclusión: el avión cayó al mar. Ochos años después esa versión oficial se puso en duda y, entonces, la mazateca de Oaxaca se convirtió en la principal sospechosa de guardar el secreto más olfateado por investigadores, periodistas y escépticos de la época
SEGUNDA Y ÚLTIMA PARTE [Historia publicada en la Revista RUTA135]
Helder Palacios
El 20 de junio de 1933 los pilotos Mariano Barberán y Joaquín Collar concretarían la última fase del vuelo Sevilla-Cuba-México a bordo del avión Cuatro Vientos. Ese día el gobierno mexicano, entonces comandado por el presidente Abelardo L. Rodríguez, había sido notificado sobre la llegada de la aeronave española al aeródromo de Balbuena, procedente de La Habana, Cuba.
De la Compañía Mexicana de Aviación los pilotos consiguieron mapas de perfiles e indicadores útiles, como los partes del tiempo más recientes. El Cuatro Vientos recorrería en la travesía mil 920 kilómetros de La Habana a la ciudad de México y se preveía su llegada 12 horas después de su salida de territorio cubano, es decir que llegarían aproximadamente a las 16.52 hora local.
De acuerdo con un texto del Instituto de Historia y Cultura Aeronaúticas de España (IHCA) la ruta prevista para el avión español sólo se había planeado hasta Villa Hermosa, Tabasco, “confiando que en el aire, y a la vista de las circunstancias, podrían (Barberán y Collar) decidir el rumbo más conveniente”.
Según la revista Aeroplano, publicada en junio de 1983, “varios aviadores le habían recomendado a Collar hacer escala en Veracruz, esto definitivamente no lo aceptó, así introdujo un innecesario riesgo”.
Al salir de la Habana, Cuba, en los tanques del Cuatro Vientos se alojaban dos mil litros de combustibles, “suficientes para un vuelo seguro y cómodo en el que el tramo sobre el mar hasta la península de Yucatán era únicamente de 600 kilómetros. Pan comido comparado con la inmensidad que pocos días antes había atravesado sin dificultad”, añade el documento del IHCA.
Recepción desalentada
El Nacional, un importante diario mexicano de aquella época, publicó en sus páginas de ese día –20 de junio de 1933– un editorial de bienvenida: “¡Bienvenidos! Desde las márgenes del Bravo hasta los límites con las tierras polares del Ártico, el clamor de los pueblos es unánime en el anchuroso Continente americano de habla española: ¡Bienvenidos los aviadores españoles!”.
Reportes periodísticos describen el júbilo que se vivía en el aeródromo de Balbuena, en la ciudad de México, donde más de 60 mil personas esperaban la llegada del vuelo que representaba una de las mayores hazañas aéreas de todos los tiempos. Ahí mismo aguardaban también dos batallones de infantería y un regimiento de caballería que rendiría honores y cubriría la vigilancia.
A las 14.40 horas las cuadrillas de aviones Vought y Douglas que conformaban la escolta de recepción despegaron para ir al encuentro con el Cuatro Vientos. Después de varias horas de sobrevolar el espacio aéreo mexicano, una gran tormenta los hizo regresar al aeródromo a las 16.00 horas, pero durante el recorrido se percataron de que algo andaba mal: no avistaron al bólido español, no había señales de Barberán y Collar. Entonces la alegría se convirtió en tensión.

Bajo la lluvia, cientos de personas esperaban al Cuatro Vientos en el aeródromo de Balbuena. Foto: Servicio Histórico y Cultural del Ejército del Aire (España).
Inicia la búsqueda
Al cerciorarse de las nulas señales de la aeronave española, el gobierno mexicano inició a las 20.30 horas la búsqueda oficial del Cuatro Vientos en un perímetro que comprendió 300 mil kilómetros cuadrados. Para el operativo se dispusieron de 16 cuadrillas de aviones militares que recorrieron 100 mil kilómetros.
Pese a que las autoridades no escatimaron esfuerzos en la expedición, no hallaron información que los condujera a localizar a la aeronave.
Un reporte de la agencia internacional de noticias Associated Press describía lo que acontecía aquella noche: “El gobierno mexicano está empleando esta noche toda sus facilidades de comunicación para tratar de localizar a los aviadores españoles Barberán y Collar, de quienes aún no se tienen noticias a las siete y media p.m.
“El Departamento de Comunicaciones, el Telégrafo Nacional, el Departamento de Guerra y los medios de comunicación de las estaciones de radio particulares y aviación civil, recibieron órdenes de hacer todo lo posible por localizar a los aviadores perdidos”.
Durante esa tarde dos de los medios de comunicación que informaron al público constantemente mediante el intercambio de información fueron la XEW a través de sus transmisiones radiofónicas y el periódico nacional El Universal, este último estaba conectado con todo el sistema telefónico y telegráfico del país.
Al día siguiente –miércoles 21 de junio de 1933– los periódicos de circulación nacional informaban los detalles de la “exhaustiva operación de búsqueda” que había ordenado el presidente de la República, Abelardo L. Rodríguez, y que estaba a cargo de la Aviación Militar de México.
En tanto, el Diario de la Marina –periódico cubano– destacó en uno de sus titulares: “No hay noticias ciertas de la suerte de los aviadores Barberán y Collar”. En el reporte se destaca: “Cuantos laboramos en esta Redacción hemos redoblado esfuerzos para llegar a la meta de lo risueño: el conocimiento del seguro paradero de Barberán y Collar. Pero… la antorcha de nuestro optimismo se sobrepone a toda duda, a todo temor, y es, de por sí, un himno de fe”.
Carpetazo con versión ‘oficial’
El gobierno español designó al político Ramón Franco para buscar al Cuatro Vientos en territorio mexicano, pero los esfuerzos fueron inútiles. Pasados los días, los recursos se agotaron y, aparentemente, ya no había nada qué hacer.
Fue así como los gobiernos mexicano y español dieron por concluida la búsqueda el 28 de junio de 1933 y declararon oficialmente la desaparición del avión y de los pilotos. En lo que hoy se puede considerar un acuerdo pactado, la versión que se difundió como “verdad absoluta” fue que el Cuatro Vientos cayó al mar al desviarse de su rumbo por el mal tiempo. Para sostener la afirmación sólo se dio a conocer un indicio poco sólido: una cámara de neumático hallada en la costa de Barra de Chiltepec, en Tabasco, y que habría servido de salvavidas.
El sargento mecánico Madariaga, quien se había trasladado de Cuba a Veracruz el mismo día de la tragedia, intervino en la búsqueda y no encontró nada. Sin embargo, siempre pensó que había “un raro ambiente en la búsqueda” y que abruptamente se cortó.
Para algunos investigadores españoles y mexicanos era evidente que existía una decisión política de acabar con esta historia que, en aquella década de los 30, empañaba la imagen de los presidentes.
Ocho años después, el misterio de la mazateca
Fue hasta 1941 cuando una carta dirigida a la revista mexicana Hoy –antecesora de Impacto– develó otra verdad. El texto fue enviado desde la zona mazateca de Oaxaca, específicamente de Santa María Chilchotla, por don Julián Díaz Ordaz, luego de que una mujer denunciara ante él la caída del Cuatro Vientos en ese lugar y el asesinato de los pilotos españoles el 20 de junio de 1933, día de la tragedia.
El escrito fue dirigido a Regino Hernández Llego, director gerente de la revista Hoy, y en ella se le informaba sobre el paradero del avión. Ello originó que la revista organizara una expedición a la zona mazateca para verificar el anuncio, por lo que envió a los periodistas Edmundo Valdés, Enrique Díaz y Humberto Olguín, en agosto de ese año.

Los pilotos del Cuatro Vientos al retomar, en Cuba, el viaje a México. Foto: Servicio Histórico y Cultural del Ejército del Aire (España).
La denuncia de 1941
De acuerdo con un reporte publicado por la revista Impacto en septiembre de 1983, una tarde de julio de 1941 una mujer bajó de una localidad en busca de don Antonio Avendaño, “un hombre de baja estatura, fornido y de rostro severo. Usaba pistola 44 al cinto, y nunca dejó de usarla cuando debía usarla para entenderse con los hombres de la región en que vivía”.
Según el artículo, don Antonio “gozaba de cierta autoridad en la región. Más autoridad que la de los representantes oficiales. Desde su rancho de La Paz dominaba una región ciertamente vasta, por el solo mérito de su hombría y de sus negocios. Autoridad mayor, sólo la tenía don Julián Díaz Ordaz, que era, como quien dice, el amo paternal ante quien se solucionaban las querellas en forma pacífica. El que resolvía dudas. El que explicaba noticias. El que decidía casos en que la moral estaba en juego”.
Una vez frente a frente la mujer y don Antonio Avendaño, ella soltó la acusación contra su esposo sin más preámbulo: “Oiga usted don Antonio y a ver si me cree. Bonifacio mató dos hombres en el aeroplano, aquellos que se cayeron”.
Ante la sorpresa, don Antonio alcanzó a preguntar: “¿Bonifacio Carrera, tu esposo? ¿Mató a los aviadores del Cuatro Vientos?”
El relato periodístico precisa que la señora respondió: “Eso mismo que usted dice. Bonifacio estaba trabajando con la pionada (sic) cuando devisó (sic) el aparato que se cayó al cerro. Entonces les dijo a los piones (sic) que era el diablo, que no se acercaran, y luego él se fue con los otros dos a ver qué pasaba, y los encontró. Luego Bonifacio me lo contó todo. El peloncito de los dos señores –se refería al capitán Mariano Barberán, quien era calvo–, tenía las piernas rotas, y el otro no tenía nada –Joaquín Collar–. Y Bonifacio vio que tenían dinero, y los mataron a los dos, y se robaron todo…”.
Don Antonio Avendaño contó el relato a don Julián Díaz Ordaz, quien estaba acompañado por su hijo del mismo nombre y apellidos, y mientras discutían cómo conseguir dinero para ir hasta la zona del posible accidente y detener a los acusados, pues para lograr el objetivo eran necesarios 15 días de camino, pagar a peones que cargaran provisiones, medicamentos y contraveneno en caso de que se encontraran con las serpientes más venenosas de la región. De pronto, el hijo de don Julián propuso que se escribiera una carta a la revista Hoy para solicitar apoyo para la expedición.
Censura a Hoy
De octubre a diciembre de 1941 la revista Hoy realizó varias publicaciones sobre los relatos del final de Barberán y Collar, resultado de la expedición de sus periodistas, pero los artículos fueron censurados por el gobierno mexicano para evitar el descrédito nacional.
A pesar de las conclusiones del periodista Edmundo Valdés, nunca aportó fotografías ni prueba material para inculpar a Bonifacio Carrera como responsable de la muerte de los pilotos españoles.
No obstante, la versión sobre el asesinato de los pilotos españoles, luego de que presuntamente el Cuatro Vientos cayera cerca de un cerro de la mazateca oaxaqueña, entre los límites con los estado de Puebla y Veracruz, tomó tal dimensión que rápidamente hizo a un lado la versión oficial y decenas de personas se interesaran por buscar pistas para hilar dicha hipótesis.
Otras expediciones
En 1947 se realizó otra expedición que no arrojó ningún dato relevante a la investigación previa; el periodista Jacobo Zabludowsky efectuó una búsqueda en 1973 sin resultados. Hasta el 20 de octubre de 1982, el periodista mexicanos Jesús Salcedo, reportero de canal 13, inició sus investigaciones y viajó a la zona mazateca de Oaxaca acompañado de un escuadrón de soldados al mando del general brigadier Carlos Ramírez. Una de sus mayores aportaciones fue haber encontrado a Bonifacio Carrera, a quien entrevistó y cuestionó sobre qué había sucedido con el avión Cuatro Vientos.
Sin embargo, el inculpado no respondió con claridad a las preguntas de Salcedo, pues no dominaba el español, sólo su lengua materna: el mazateco. El reportero de canal 13 no desistió en su investigación, incluso es reconocido por haber empleado muchos años y recursos para hallar un indicio que lo condujera hacia los restos de la aeronave.
En 1995, Salcedo creyó haber encontrado los restos del avión durante otra expedición por la mazateca al observar unas piedras con metal fundido, pero expertos del Instituto Nacional de Técnica Aeroespacial de España dictaminaron que “los presuntos restos del Cuatro Vientos no son asimilables, por su apariencia, a ningún tipo de pieza procedente de una aeronave… Existe una gran probabilidad de que los restos sean de origen volcánico por lo que es imposible dar credibilidad al supuesto descubrimiento”, manifestaron en el peritaje.
El último intento por encontrar indicios del avión español se realizó en marzo de 2003 en el Golfo de México y estuvo a cargo del buque Onjuku de la Armada de México. La expedición se documentó en el libro “El vuelo del Cuatro Vientos. Epopeya y tragedia de Barberán y Collar”, escrito por Alfonso Domingo y Jorge Fernández-Coppel, este último responsable de la búsqueda. Como en las anteriores, la expedición fue infructífera.
Los mazatecos guardan el secreto
A 77 años de la tragedia que marcó una de las mayores hazañas en la historia de la aviación mundial, los pobladores de Santa María Chilchotla siguen guardando celosamente información sobre el paradero de los restos del avión.
Incluso, se piensa que desde el día del accidente, 20 de junio de 1933, las amenazas y el miedo se apoderaron de algunos habitantes y prefirieron no hablar sobre el tema. Han pasado más de siete décadas y hoy ya no importa si hubo culpables, sólo importa el lugar donde yacen los restos del Cuatro Vientos.
“Aclaremos el final de la historia”
Posterior a la publicación del reportaje “Mazateca, la controvertida tumba del Cuatro Vientos”, Ruta 135 logró establecer contacto con Enrique Pallares, el primer ciudadano español que viajó hasta la sierra mazateca de Oaxaca para participar en una expedición, junto con el periodista Jesús Salcedo, en busca de los restos del avión.
Se describe como “un aficionado a la aviación, piloto de vuelo sin motor, una especie de aerotrastornado de Barcelona, que sigue de cerca cualquier noticia respecto a este famoso vuelo”. Pallares, de 68 años de edad, sostiene estar convencido de que, a pesar de que no se ha encontrado alguna parte del avión lo suficientemente importante, los restos de la aeronave siguen perdidos en la mazateca.
Contactado vía electrónica, añade que a nadie debe molestar que ahora se hable sobre el Cuatro Vientos, pues recuerda que durante las primeras investigaciones en la zona, varias personas, incluidos periodistas, fueron amenazados. “A estas alturas a nadie debe importar el quién y por qué, únicamente aclaremos el final de la historia”, subraya Enrique Pallares, quien reside en la ciudad de Barcelona.
Marcado por la amabilidad de las personas con quienes convivió en su estancia en Santa María Chilchotla, se dice confiando en que acabará el mutismo de los habitantes para revelar, después de 77 años, aunque sea un pequeño indicio que conduzca a los restos del Cuatro Vientos.
